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Cuadernos de viaje alrededor del mundo

No perder el norte

No perder el norte es fácil si decides quedarte allí (a veces tengo ideas de genio).

En este caso, estamos en la costa caribeña en el extremo norte de Colombia (y del continente sudamericano), y en realidad, es fácil querer permanecer allí por varias razones que se suman y se multiplican exponencialmente, y viceversa (esta frase no tiene sentido) (a menos de leerla 3 veces seguidas en voz alta). Si no funciona, aún puede leer más. Este no incluye ninguna trampa matemática, solo una sobredosis de fotos sobre el tema “bajo el sol”, selva colombiana, cocoteros y agua salada. Sin olvidar las tales razones de quedarse en este norte caribeño, donde es bueno caminar, pasear, nadar o descansar.

Santa Marta & Taganga

Arriba: Santa Marta. Esta bullosa ciudad portuaria (puede tener su encanto) es un buen punto de partida para explorar el norte del país. Detrás de una colina a 20 minutos de ahi, se encuentra Taganga, un pequeño pueblo de pescadores donde florecio el combo “bares, restaurantes y hostales” en los últimos años, sin quitarle nada a la autenticidad del lugar. Un lugar ideal para bucear, comer bien, escapar del caos de la ciudad o ver el atardecer. Y para hacer un recorrido por el mar, este es el contacto que necesitan:

La Ciudad perdida

4 comunidades indígenas viven en el norte del país. Entre ellas, los Wiwas, instalados en los alrededores de la Sierra Nevada (cumbre que domina la región), cerca del lugar sagrado de la ciudad perdida (primo lejano del Machu Pichu, en mas pequeño, más tropical, menos conocido y menos reconocido) (tal vez esta sea la razon por la cual está perdido, el pobre).

Los 4 días de caminata que nos permiten conocer ese lugar bien escondido, incluyen horas de ejercicio, ropa empapada (todos sudamos mucho, pero de manera igualitaria, lo que hace que la situación sea menos vergonzosa), ríos y cascadas naturales para refrescarse (es más divertido de repente), madrugadas a las 5am (las desilusiónes llegan rapido), pero también: el silencio de las montañas, la belleza de la selva, los 50 tonos de verde que nos rodean, y sobre todo, el modo de vida de los Wiwas: sus costumbres, su historia, su artesanía, su ropa blanca y sus creencias. Estar en armonía con la naturaleza es su razón de ser. La noción de tiempo no les importa. La riqueza tampoco. Viven en toda sencillez, irradian una bonda y una calma desconcertante y aún logran ignorar nuestro mundo (ojala lo sigan haciendo). Que bonito.

Desde ese encuentro, decidí convertirme a su religión. Los dioses de la montaña, del viento y del sol me gustan. Especialmente el dios del sol (sí, confieso que soy un poco interesada..). No sé si quería agradecerme por esta fe repentina, pero en todo caso, estubo presente a el día que llegamos a la cumbre. Ni siquiera tubimos que regalarle algun sacrificio. Menos mal, porque todos nos entendemos muy bien en el grupo.

El parque national del Tayrona

El Tayrona es hermosisisimo. Hay micos, paisajes virgenes, playas paradisíacas, pedazos de selva, un pueblo indígena y mis amigas las palmeras. Venimos aqui para caminar, hacer pereza o por el placer de los ojos. Aca se toman jugos de fruta fresca, se duerme en carpas o en hamacas y se duerme con las estrellas. Exactamente. Es el paraiso.

Tambien ahi me entere que era más probable morir durmiendo bajo un cocotero que por un ataque de tiburón. Osea que soy una sobreviviente de la siesta que hice algunas horas antes (bueno, todo es relativo dependiendo de la cantidad de veces que me sentí amenazada por un tiburón … osea nunca). Pase lo que pase, sería una verdadera lastima morir en el paraíso. Tocara evitar los cocoteros.

También hubo este episodio del primer día de reapertura del parque en el que se vendieron en un momentico todas las carpas disponibles para poder dormir en el Tayrona. Y en el que, desesperadas (mi nuevo amiga sueca alemána, y ​​yo misma) al pensar que tendriamos que abandonar este lugar antes de lo esperado, hicimos nuestros ojos más bellos a los guardias para que nos encontraran un techo (digno de un escenario de cámara oculta, lo juro). Despues de un largo rato lleno de suspenso, nos consiguieron una carpa de lujo. La prueba que el ser masculino tiene algunas sensibilidades que pueden ser útiles explotar en ciertas situaciones. Solo en ciertas situaciones, por supuesto. El abuso de poder es malo para la salud 😉 .

Minca

A 45 minutos de Santa Marta, en las alturas: Minca. Lugar de caminatas, plantaciones de café, cascadas naturales, mosquitos y hermosas vistas. Para apreciar la vista, primero toca caminar hasta arriba (el trasero de Beyoncé nos está esperando en la cima) y orar para tener un cielo despejado. Pero el dios de la lluvia no escuchó mis oraciones, asi que tuvimos: una lluvia torrencial, nublina, un café, un pastel de zanahoria (merecido) (chao el objetivo Beyoncé) y 2 fotos.

A pesar de este malentendido, Minca sigue siendo un buen lugar para escaparse uno o dos días. 8 horas de caminata para los deportistas y para los que no lo son, el recorrido se puede hacer en moto taxi. Muy útil si han reservado un hostal con vista.

Nada que ver, pero para los más golosos, una de las especialidades de Minca es el plátano con queso derretido (adios definitivo a Beyoncé):

Palomino

Al ladito del Tayrona: Palomino. Mini pueblo lleno de turistas bohemios y bares / restaurantes de bambú. Parada perfecta para correr descalzo sobre la arena, tomar una copa frente al mar, ver los cangrejos esconderse, las palmeras bailar, las olas acariciar la playa y envolverla por completo de vez en cuando. Lindo.

Aca también se hace rafting desde la fuente hasta el mar. Una actividad que no experimente. Razon por la cual no les podre decir mas nada al respecto. Ya. Es todo.

El desierto de la Guajira

Cambio de departamento. Vamos para la Guajira. El extremo norte del país tiene un aire de fin del mundo (para llegar allí, solo toma 1 mini bus, luego un taxi y un 4X4, u 8h en total) (quien va está realmente motivado). Ahi se puede apreciar el color amarillo pajizo de esta inmensidad dorada donde se cruza una cabra, 2 peregrinos y un árbol. En el lado del océano, el poder de los rodillos es una contraindicación para la natación. Si supiera hablar, mi pelo lleno de arena les pudiera explicar el porque.

Otro detalle: no hay electricidad al anochecer, es decir a las 5 pm. Osea que a la hora del té, toca esperar que llegue el sueño y el sol, en una hamaca frente al mar, en la oscuridad total. Sensación de inmensa soledad a pesar del ruido de las olas y de Spotify. Creo que ahora si es hora de irse del norte.

Anecdotas animales

Antes de dirigirnos hacia el sur, permitan un cambio de tema brutal para algunas anécdotas sobre nuestros amigos los animales, que hablan de todos los estados de animo del ser humano.

1. La anecdota miedosa

Parque Tayrona, a la hora de acostarse, en una carpa que comparto con mi amiga Suiza: una ENORME araña camina en la sombra sobre nuestras cabezas. Lo que sigue es una mezcla de gritos y de risa nerviosa. #tenemos15años #ytenemosmiedo.

3. Irritada

En el Caribe, los mosquitos están en todas partes. Todas partes. Si alguien me puede aclarar el interés de ese insecto sobre el planeta tierra, puedo tratar de entender (el echo que nos permiten saber si tenemos sangre dulce o no, no vale como respuesta). Mientras tanto, son una buena razón para abandonar el paraíso caribeño.

4. Preocupada

En vivo, en Minca: una oruga se convierte en mariposa. Y nosotros observamos el espectaculo con un encanto de niñas. Es agradable de pensar que, como las mariposas, después de haber gateado por el pizo, todos desplegamos en un momento o en otro nuestras alas para volar. Esta conexión con el ser humano me hace pensar que actualmente estoy en esta fase. Pero… ¿cómo asi que las mariposas no duran mucho?

5. Feliz

En el desierto de la Guajira (vegetarianos, no lean – y no me detestan – por favor), el lujo de comer una langosta cuesta solo 30 000 pesos.

6. Chistosa

Mientras tomo una fría y rústica ducha al aire libre en el camino de Ciudad Perdida: una gallina camina sobre la viga encima de mi y se inclina sobre mi cabeza, lista para saltar. Afuera, el espectáculo divierte a todos mis compañeros que confirman mi presentimiento: se quiere duchar conmigo. Adentro, me estoy preparando para salir corriendo. Excepto que no puedo porque estoy desnuda. Momento de ansiedad y de absurdidad total. Por una pobre una gallina.

Ahora si, cabo al sur! (y adios mosquitos 😉

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